Mira Historias Conmovedoras de Bebitos Prematuros

Loading...

martes, 27 de mayo de 2014

La Historia de Francesco, "EL ÁNGEL DE LA SONRISA"

Mi hijo, mi bebé, el Ángel de la sonrisa, MI HÉROE




Afrontar la pérdida de un padre, un familiar o un amigo, no es fácil. ¿Y la de un hijo? Indescriptible sensación. Sentís que te arrancaron el alma, que se fue algo de tu vida, sentís impotencia, dolor, angustia y soledad.

Francesco fue un luchador. Luchó al venir a este mundo, quedarse, aferrarse a la vida, soportar una operación mía sin saber yo aún de su existencia, apnea durante una resonancia y tres paros. 
Ansioso por conocer el mundo, nació antes de tiempo y esa ansiedad hizo que durante difíciles 19 días esté internado, mirando a otros bebés en su misma situación. 

De ahí en más, tan chiquito y frágil, como se veía su cuerpito demostró que vino a dar pelea, que no se rendiría fácilmente. 
Cada noche le hacía una señal de la cruz en su corazón repitiendo "Que Dios te bendiga, que Dios te cure, que Dios te mime" y él, solo me miraba fijamente y al darle un beso en su corazoncito, me sonreía, quizá diciéndome "mamita, tengo una misión". 
Aquella tarde cuando le diagnosticaron Coartación Aórtica, sentí que se venían tiempos difíciles, porque podes tener un problema en la pierna, en los brazos, en la vista, pero ¡el corazón! uno de los órganos impulsores del ser humano. 

Tras un intento de Resonancia, al colocarle la anestesia le dio apnea, dejó de respirar y tuvieron que reanimarlo.Ese 19 de diciembre de 2013 fue un aviso que algo no estaba bien en los tiempos que vendrían, que nada sería fácil. 
Estudios, tras estudios, hacer todo lo que los médicos decían para curarlo, no tuvieron éxito. 
El 7 de mayo debíamos hacerle una Valvuloplastía aórtica, que casualidad (o causalidad) que coincidiría con el aniversario de fallecimiento de mi papá, una fecha tan sensible a mis sentimientos. 




Esa mañana despertó como casi siempre, con una amplia sonrisa, dándome de esa manera los buenos días. Nos cambiamos, yo con los nervios a flor de piel nos fuimos para hacer su estudio. 
En la sala de espera, tal lo acostumbrado por mi a todos los lugares que íbamos, hacíamos el show fotográfico, un video del ¡Baila Francesco! sin saber que serían las últimas imágenes. 
Eran las 8 de la mañana, entró a esa fría sala. De a poco en mis brazos, el anestesista lo iba durmiendo, él, aferrado a su compañero inseparable, su chupete. Ahí comencé a desvestirlo, "denle un beso papás", nos dijeron los médicos, "despídanse". Y así fue, el último beso que le dimos y lo dejamos acostadito, durmiendo, desnudito, sin mi, sin su chupete. 
Fueron largos los minutos y la espera eterna, Pablo me decía, "si tarda es porque esta bien, sino ya hubiesen salido". Mi intuición de madre no coincidía con ese pensamiento. 
A las 10 sale la cardióloga y veo en sus ojos un halo de preocupación y su bata manchada de sangre, la sangre de MI BEBÉ. 

"Tuvo un paro", me dijo, el mundo se me cayó encima, y de ahí en más todo lo que decían eran palabras en vano, tuvo arritmia, esperaban que se estabilizara, habría que operarlo. Tantas cosas que luego no pasaron. 
De ahí, 20 minutos más esperando que se "estabilizara" fue llevado a Terapia Intensiva, a Post Paro. El médico nos dio el parte, la situación de Francesco era gravísima, solo 6 de 100 niños salen de esa etapa, si lograba salir habría que operarlo, porque su problema no era la válvula, sino la aorta. 
Mi pregunta solo fue una ¿podrá escucharme?, la respuesta, "está sedado para que no gaste energía, pero la voz de la madre siempre llega", y por algún momento mantuve esperanza de que me oyera. 
Nos hicieron pasar a verlo, primero Pablo, después entré yo. Mi hijito, mi bebé lleno de tubos, cables, aparatos y rodeado de doctores que me miraban con pena, sabiendo que casi nada podría hacerse. 
Lo reté, le dije que se tenía que quedar a mi lado, y después no pude evitar cantarle la única canción que hacía que SIEMPRE se riera. "Mi bebé, mi bebé, que lindo es mi bebé, yo lo quiero mucho a mi bebé, mi bebé Francesco es.....Francessssco, hola bebé". La voz entrecortada, pero sin derramar una sola lágrima para que él no sintiera el desgarro de mi alma. 
Me hicieron salir de ahí, algo sucedía. 
Luego supe que le agarró un segundo paro cardíaco. 
Mamá, siempre a mi lado como una leona cuidando a su cachorra de 36 años pero que en ese momento estaba tan frágil por la situación, me llevó a comer algo porque no lo hacia desde hacía 36 horas. Al bajar nos encontramos con Florencia, una mujer con uniforme del Cardiológico, que al verme tan mal me preguntó que me sucedía, le conté y ella me dijo vamos a rezar, así lo hicimos, San Juan Pablo II fue nombrado en esas oraciones como intercesor del milagro. 
Nos fuimos al comedor, mamá trajo algo para comer y yo me negué rotundamente, solo contemplaba el chupete de mi hijito sobre la mesa. 

Suena el teléfono de mamá y allí ella me dice, "vamos". El corazón me explotaba, ya se acercaba la muerte. Pablo puso "vení, está peor". Eran las 12.57. 
La doctora de guardia 
os informó que hacían todo lo posible, que le dio un paro y le sangran los pulmones. 
Se me cayó el teléfono de las manos, y pensé por un instante, que ya no siga sufriendo, que por favor lo dejen ir. 
Ver a un hijo, tan pequeño, soportar todo eso hace que el amor por no verlo sufrir sea mayor, pagando el precio de no verlo nunca más. 

Guillermo, el hermano de Pablo estuvo en ese momento, y pudo abrazarlo porque mis fuerzas no podían hacerlo. Algunos minutos después llegó el mayor, Enrique, lamentablemente para escuchar el desenlace. 
De ahí lo que dijo la doctora, no me acuerdo con detalles pero lo que si me queda presente es que me dijo que le dio un tercer paro, que lo estaban reanimando desde hacía 40 minutos y no respondía, y ese.......fue el final.
Francesco se fue. Eran las 13.40 de ese soleado miércoles 7 de mayo de 2014.
Nos hicieron pasar, ya sin tubos ni nada conectado a su cuerpito, Pablo derramaba mil lágrimas, yo, increíblemente dándole fuerzas, sin un solo llanto. Nos acercamos a la cuna y solo repetía, "gracias mi amor por darme tanto, por permitirme ser tu mamá, Gracias, gracias, gracias mi cielo por darme tantas sonrisas, tanto amor, gracias". 
Agradecimos a cada médico que también tenían cada uno de ellos tristezas en sus rostros. Mostramos nuestra gratitud porque somos concientes que ellos hicieron todo lo que pudieron y a pesar de no ser su hijo, de no conocerlo, fue un pequeñito que precisaba toda la atención. 
Salimos en silencio, abrazados, de la misma manera que entramos. Silencio, desazón, desconcierto, nada más. 
Tuve antes, durante y después, cientos de mensajes al celular dándome fuerzas, preguntándome como iba todo y después.... acompañándome. 
Llevaron su cuerpito en la "cajita de cristal" hacia la morgue, allí estaba dormidito. Me arrodillé le hablé, el parecía un ángel, dormidito. Pensé lo que sintió María al ver a su amado hijo desfallecer. Estar a sus pies, con el alma destrozada. por un instante fui una atrevida al compararme con ella, pero me unió el dolor de madre. 
Fui a la guardia porque no me sentía bien, los nervios, y la situación me pasaron factura con un tremendo dolor de cabeza, vómitos, malestares. Me medicaron. Al volver junto a mi hijo, ya no estaba en su cuna, mamá lo tenía entre sus brazos cual pequeño dormido. 
Llegó el señor de la funeraria y preguntó por Francesco, miró extrañado que lo tengamos en brazos en vez de que esté en la "cajita", me preguntó si queríamos ponerlo en un cajón un poco más grande o llevarlo en brazos hasta la camioneta. La ultima opción fue la elegida, no podría soportar verlo en algo tan frio. 

Subo al móvil y lo llevo en brazos, pues en MIS brazos entró y era justo que de la misma manera salga, mi hijo iba durmiendo aunque no respirase. 
Llegamos a la casa funeraria y mamá lo depositó en un cajoncito. Allí muchas personas se acercaban, personas desconocidas, compañeros de nuestros trabajos, familiares, amigos. Me reconfortó ver el aprecio que mi hijo se ganó en solo 8 meses. 
Un duro momento fue decirle a sus hermanos. Llegamos con Pablo a la casa de sus tíos y primero salió Fabri preguntado ¿y Francesco? Me quedé sin respuestas. Detrás salió Santi presintiendo la noticia. De ahí en más tomé la palabra y les dije "Francesco ya no está se fue con el abuelo". Juro que el grito desgarrador de Santino no lo olvidaré nunca. Gritaba ¡"Noooo, quiero a mi hermanito"!. ¿Como explicarle a un niño de 8 años sobre la muerte? ¿Cómo hacerle comprender que una de las personas que más amaba ya no la volverá a ver?. Nos dijo que le había hecho una cartita para que se recupere y era simple, pero hermosa. "Francesco te amo mucho",decía, escrita con tan pocas palabras pero con un mensaje único. La frase dentro de un corazón recortado y un dibujo de él sosteniendo a su bebé. 
Los llevamos a que se despidan de su hermano, entraron, lo miraron y Santino dijo ¡Francesco te amo! Que más se puede agregar en ese momento. 
Luego se fueron con su tía Alejandra, la madrina de mi bebé a quien agradezco profundamente porque junto a Guillermo aceptaron ese 15 de diciembre apadrinar a mi hijo. 
El abrazo tan sincero con cada uno de los familiares y amigos fue el impulso que hacia no desfallecer. Mi suegro Juan y mi cuñada Mara vinieron de Buenos Aires apenas enterados de la noticia. 
Hoy puedo decir gracias a los Ruiz, a la unión y al amor que contuvieron a Pablo, ¡qué gran familia! y tengo el privilegio de pertenecer a ella. 

Los abrazos, besos, palabras, presencias que hacían sentirme acompañada, ser la protagonista de un mal sueño. 
Fue la noche más larga de mi vida,sin ninguna duda, la más triste, la más vacía. Le canté su canción favorita y le hablaba suavemente.

Las frases más comunes "Fuerza", "seguí por esos dos angelitos que tenés", "Dios sabe porque hace las cosas" se repetían cotidianamente, y parece mentira, pero para mi son vacias, porque sé que tengo que ser fuerte, luchar por Santino y Fabrizio, que Dios lo llevó de mi lado. Nada me cambia, solo necesito un abrazo, una presencia, no estar sola, porque sola me siento a pesar de tener a mi familia y amigos, algo en mi también se fue, estoy de rodillas, pero me pondré de pie nuevamente. 
¿Qué pensar cuando las cosas suceden de esta manera?. ¿Qué pasa por la cabeza de un doctor al ir perdiendo la batalla y su paciente se va desprendiendo más de sus conocimientos profesionales y ante la presencia de la muerte debe dar la noticia a esos padres que aun mantienen luz de esperanza y a esos familiares que aguardan a metros de su ser querido que ya se va? 
Es imposible no buscar explicación, es imposible no buscar respuestas y querer tener a quien culpar de tan lamentable hecho. Quizá me enoje con Dios, con los médicos y me culpé a mi misma por llevarlo al "matadero". Mis días están llenos de quizás....de porqués...de para que...y todas, sin respuestas. 
Se que mi Yupi luchó hasta el final, la peleó hasta donde le dieron sus fuerzas, su corazoncito fue débil físicamente pero de una inmensidad espiritual enorme. 
Cuanta falta me hará, tendré los brazos vacíos, las ropitas que faltarán estrenar, los juguetes que ya no sonaran sacando esas grandes carcajadas y balbuceos, los ¡baila Francesco! que a diario hacia, los enojos por la noches resistiéndose dormir, las miradas hacia la tele y su dibujito, "La Casa de Mickey Mouse" que yo nunca más podré ver porque me harán sacar tantas lagrimas, los proyectos, los viajes a ese lugar que tanto quise que conozca, la cuna que nunca más tendrá un bebe soñando, las sonrisas dormido que no las veré mientras trabajaba, la comidita, que solo se trataba de purés pero con el ingrediente mas importante que podía agregar...amor, las rabietas por las ansias de querer comer una cucharada tras otra, las vacunas por colocar, los primeros pasos, los dientitos que solo uno vio la luz, el decir MAMÁ. En fin, tantas cosas por ver, por escuchar por hacer, por sentir que jamás pasaré
Lo tengo en un cofrecito de madera, sus cenizas me acompañarán toda la vida, y a su alrededor estarán plantadas rosas blancas, símbolo de pureza, reflejo de lo que él en vida fue. 



Francesco estuvo en mi panza 35 semanas y afuera otras 35 semanas (8 meses y 5 días) repartiendo amor y sonrisas en este mundo. 
Pablo, el hombre que no solo es mi esposo, es el amor de mi vida, mi amigo, mi sosten, el que me acompaña, está a mi lado y él me hizo comprender que realmente Francesco con tan corta edad es un héroe. Tenía lo primordial, pañal, ropa y leche pero enseñó tanto. Sonreir aunque el corazón no esté de lo mejor. 

Mi bebé, con tan corta edad me demostró y demuestra que hay que vivir HOY, mañana no sabemos si estaremos, sonreir a pesar de las dificultades, de las piedras en el camino.Sonreir... pero no falsamente, sino con la pureza en su mirada, reconfortando a quien lo necesita con un abrazo, mostrando la simpleza. 
Francesco, Yupi, Fran, amor, Chesco, bebé, de muchas maneras te llamaba y todas me entendiste, porque las palabras no eran las que nos unían, sino el sentimiento. 

Francesco Nicolás, mi ANGEL DE LA SONRISA. ¡Gracias! y en algún momento volveré a tenerte en mis brazos y a darte tantos besos que no pude darte en este tiempo donde te arrebató de mi lado la enfermedad. 

Fuiste, sos y serás mi pequeño gran Héroe, mi maestro, mi luz, mi bendición. Mi campeón de vida, mi luchador. Te amo con todo mi mente, con todo mi ser. Hasta pronto mi ÁNGEL DE LA SONRISA.
Gracias al personal médico del Cardiológico, a mi mamá que NUNCA se separó de mi lado, a la familia de Pablo, a mis colegas y compañeros de trabajo, a conocidos, a amigos. Gracias a cada persona que escribió en Facebook, a los que me dejaron mensajes al celular, a los que llamaron. Gracias a los que me dan un apoyo solo con la presencia, porque en los malos momentos es donde se ven los corazones sinceros. Leo cada mensaje, aunque no lo responda, me reconforta el detalle de cada escrito. Gracias a quienes amaron a Francesco. Un placer de tenerlos cerca


Escrito por: Soledad mansilla
Publicado por: Mi Bebito Prematuro